Es probable que si estás pasando por un conflicto con implicaciones legales, pienses que el Tribunal de Justicia es el único lugar donde podrás resolver tu conflicto.
Es también probable que pienses que la novedad de los MASC es un “mero trámite” que hay pasar. ¡Cuidado!, podrías estar perdiendo la oportunidad de resolver tu conflicto con menor coste temporal, económico y emocional.
Si tienes un conflicto civil o mercantil y has hablado con tu abogado/a, con total seguridad te habrá dicho que no puedes presentar todavía la demanda porque desde el 3 de abril de 2025, la ley obliga a realizar una actividad negociadora con la otra parte. Dicho en palabras técnicas, deberás elegir uno de los MASC ( medios adecuados de solución de controversias) que la ley reconoce como actividad negociadora: negociación directa entre las partes; negociación a través de abogados; mediación; conciliación; informe de 3 experto independiente; oferta vinculante confidencial y derecho colaborativo.
Esta elección la harás con el asesoramiento de tu abogado/a; habrá analizado tu caso y te recomendará el MASC que, a su juicio, sea el más adecuado para tí y para tu conflicto. Sea cual sea el elegido, te recomendamos que tengas en cuenta 3 variables que afectan a cualquier persona inmersa en un conflicto: el coste económico, el tiempo y el impacto emocional.
1. El coste económico: lo que nadie calcula de antemano
Cuando hablamos del coste económico de un conflicto, la mayoría de las personas pensamos solo en los honorarios del abogado. Pero el coste real de la vía judicial es bastante más amplio:
- Honorarios de abogado y procurador
- Tasas judiciales (en algunos supuestos)
- Costes de peritos y pruebas periciales
- Posible condena en costas si se pierde el juicio
2. El tiempo: el recurso más escaso
El coste de no resolver el conflicto. Cada mes que pasa sin acuerdo es un mes de tensión, de energía invertida en el problema y, en muchos casos, de daño a una relación o a un negocio.
La justicia española, como la de muchos países europeos, arrastra retrasos estructurales. Dependiendo del tipo de procedimiento y del juzgado, un proceso puede durar entre uno y cuatro años. En algunos casos, más.
Los MASC operan en una escala de tiempo completamente diferente. Por ejemplo, proceso de mediación puede comenzar en días y resolverse en semanas porque su estructura es mucho más ágil: las sesiones se acuerdan entre las partes y el mediador, normalmente cada semana.
3. El impacto emocional: el factor que menos se habla
En todo proceso judicial, por definición, hay dos partes enfrentadas. Cada una tratando de demostrar que tiene razón y que la otra se equivoca. Ambas esperan ganar, lo que implica que necesariamente la otra debe perder. Este enfrentamiento tiene consecuencias emocionales reales: estrés, incertidumbre, deterioro de relaciones personales y, en muchos casos, un impacto negativo en la salud.
¿Qué ocurre en la mediación?
La mediación parte de un enfoque radicalmente distinto. No busca determinar quién tiene razón, sino entender qué necesita cada persona y encontrar un acuerdo que ambas puedan aceptar. Esto no elimina la tensión —los conflictos son difíciles por naturaleza— pero sí cambia el marco en que se gestionan.
Las partes tienen voz. Pueden expresar no solo sus posiciones legales, sino sus preocupaciones reales, sus miedos y sus necesidades. Y eso, por sí solo, tiene un efecto terapéutico que el proceso judicial no puede ofrecer.
Conclusión
En definitiva, cuando te encuentres ante un conflicto, no veas los MASC como un simple escalón burocrático que hay que superar antes de llegar a otra instancia: son una oportunidad real y valiosa para construir una solución que funcione. Aprovéchala.
Acude con disposición genuina, escucha con atención, expón tus intereses con claridad y mantén la mirada puesta en el horizonte del acuerdo. Un acuerdo al que se llega por convicción —no por imposición— es mucho más duradero, más justo y más fácil de cumplir que cualquier resolución dictada desde fuera. Quien participa en un MASC de forma activa e implicada no está cediendo terreno: está invirtiendo en una solución que puede sostenerse en el tiempo. No desperdicies esa oportunidad tratándola como un mero trámite. El conflicto ya existe; lo que está en tu mano es la forma en que decides resolverlo.